Hola.

Mucha gente se pregunta cómo es que el Desdoblamiento Astral puede ayudar a curar heridas psicológicas que están escondidas en nuestro subconsciente. La respuesta es sencilla: esto es posible porque cuando nos desdoblamos, cuando estamos despiertos en nuestros sueños, tenemos acceso directo él.

Son las cuatro de la mañana. He despertado temprano. No tengo sueño. Hace muchos meses que no me desdoblo, son más de muchos meses. Me distraigo con el celular. Miro videos de análisis político y cualquier otra cosa que me llame la atención mientras espero que el sueño vuelva.


Ha transcurrido como media hora y siento que mis ojos se cierran, solamente escucho. En poco tiempo, las voces de las personas se confunden con mi sueño. Allí se distorsionan y adquieren vida propia.


Mi sueño, es una mezcla absurda e incoherente de las palabras de los que están hablando en el programa y paisajes creados por mi mente. Alguien me está gritando al oído que el imperialismo debe morir. De pronto, la misma persona dice que las dictaduras son lo peor que le ha pasado a humanidad. 


Veo una ciudad desconocida que parece pintada en la nada. No luce real, todo está construido con brochazos maestros; es un cuadro viviente. Allí veo dos grupos peleando. Discuten con voces amenazantes. Sus manos se abren y cierran formando apretados puños. Uno de ellos tiene las manos sobre la cintura; su pose de bravucón es explícita, pero no dice palabra. 

En nuestro subconsciente, están las causas de nuestros éxitos y fracasos. Allí se encuentran los orígenes de muchos de nuestros sufrimientos, temores y enfermedades. Allí están los resortes secretos de todas nuestras acciones, pensamientos y sentimientos incoherentes, auto destructivos. 







Hay un bullicio que no puedo entender. Me despierto. Oigo que el análisis continúa en ni celular. Ahora se han enfrascado en una discusión irreconciliable. Me doy cuenta de que he estado interpretando de una manera absurda en mis sueños, lo que dormido estaba oyendo. Por eso tuve ese sueño demencial, me digo. Felizmente, somñoliento, quiero dormir, me abandono. 

Quedo inconsciente. De pronto me veo caminando por las calles de mi ciudad. Antiguos muros de piedra y techos con tejas que un día fueron rojas e innumerables tiendas me dicen que estoy por el mercado. Pero hay algo raro en este paisaje, no se siente normal. Sigo caminando y miro la vereda. Sus piedras brillantes por el desgaste parecen ser las que estoy acostumbrado a ver cada vez que paso por allí, pero también hay algo extraño en ellas. Me detengo un segundo para preguntarme: ¿Dónde estoy?  Ah, el mercado me digo, pero una extraña sensación me invade, es una sensación ya conocida. Siento como que me quiero elevar, siento que quiero volar. Salto con la intención de elevarme y me elevo. Me doy cuenta de que estoy en el Astral. Una parte de mi, está feliz, la otra se pregunta qué hacer. 


La aventura hacia el subconsciente es posible mediante una terapia hipnótica. En mi caso nunca hice una, para mi, el DA, siempre fue una puerta directa hacia las sombras de mi psicología. Ese lugar tenebroso, oscuro e incomprensible, fue la solución a muchas de mis preguntas existenciales.


En nuestro subconsciente, el demonio danza alegre con punzante tridente guardando la entrada. Él, cuida celosamente los tesoros que ha logrado disfrazar. En nuestro infierno —porque no existe otro—, están todas las cualidades, capacidades, y facultades que carecemos y que deseamos tener portándonos fanáticamente bien.


Estoy flotando, una voz insistentemente me dice que haga eso. Cierro los ojos y me dejo llevar. Siento como una fuerza extraña a mi, me mueve como un pequeño bote a merced de la corriente marina. No me importa, no tengo miedo.


El acceso al subconsciente es difícil y problemático. Mi forma de acercarme a él, ha sido producto de mi práctica de DA. Por muchos años pensaba que cuando uno se desdoblaba, solo salía al Astral, pero esa es una parte de la historia, la otra, es que uno también se desdobla hacia su interior, hacia ese mundo interno siempre incomprendido, rechazado, temido, menospreciado, ignorado, por la mayoría de los seres humanos.


En mi mente, el vacío, solo quiero disfrutar de este momento. Con los ojos cerrados, floto por allí, floto por allá. Es tan delicioso estar así. 


Mis desdoblamientos están cambiando. Antes, salía y corría al cualquier sitio. Volaba, veía muchas cosas y entidades. Molestaba a quien se me cruzara en el camino. Ahora no me importa correr ni ir a ningún lado, algo ha cambiado en mi.

El subconsciente, nuestra sombra, es nuestro demonio. Todo lo que no hemos superado, todo lo que nos ha herido, todo lo que nos ha frustrado, todo lo que no hemos sido capacas de comprender, se esconde allí. Ese es el demonio que nos perturba ahora y seguramente después de muertos.


La confusión y el dolor inenarrable que hay en el infierno, es solamente la alegoría de nuestro interior caótico, sujeto con camisa de fuerza y encerrado bajo llave en la más oscura mazmorra de nuestra mente.

La vida vivida de esa manera, se asemeja a la vida de un niño, cuyas acciones se dan en una hermosa casa donde tiene lo que quiere. Una casa que en el jardín, más allá de todas las construcciones, también tiene una habitación vieja, oscura, cuya puerta está cerrada con un gran candado. Y ese niño que aparentemente es feliz, cuando pasa cerca de esa habitación, se estremece de angustia y temor, sin saber por qué.


Varios minutos se suceden desde que cerré los ojos. Ahora siento que me muevo en una sola dirección. De pronto, me detengo. Algo me dice que abra los ojos. Así lo hago. Veo una serie de pequeños adornos de navidad. Están Santa y sus renos. Ovejas blancas y negras con listones verdes y rojos colgados de sus cuellos. José, María y Jesús, están reunidos junto con una vaca y un burro. Un pequeño manojo de paja les sirve de piso. Melchor, Gaspar y Baltazar, miran con amor a la sagrada familia. Es un sencillo y hermoso nacimiento.






Mientras estoy distraído, observando en nacimiento, una sensación de dolor se apodera de mi. Entonces, recuerdo que de niño, solo una vez tuve navidad con nacimiento, hasta donde recuerdo. 

Cuando mi abuela, se hizo militante incondicional de los Testigos de Jehová, luego de deshacerse de todos sus cuadros con imágenes religiosas; luego de acabar a martillazos con San Martín de Porras, continuando con San Antonio, le prohibió a mi madre celebrar Navidad y le dijo que tener imágenes de santos en la casa, era un pecado que inevitablemente la llevarian al castigo eterno. Mi madre, persona criada a la antigua, a quien se le inculcó ciego respeto por sus padres, acató la orden. Desaparecieron las imágenes religiosas de mi casa y cuando nos visitaba la abuela, siempre nos venia con su prédica apocalíptica.

Por ese motivo, en mi casa no se celebraban las navidades. Siempre hubo regalos, panetón y cena especial, pero nada de nacimientos ni arbolitos ni luces de colores, ni arreglos navideños.


Pasaron los años. Nunca envidié las navidades de mis amigos. Esa fiesta, para mí, siempre fue algo lejano, algo que era para los demás. Cuando me tocó buscar mi camino, de alguna manera eso fue una ventaja. No tenía apego a esa fiesta. Fue sencillo olvidar lo poco que había de ella en mí.


Bajar al infierno, es abrir e iluminar esas partes oscuras de nuestra psicología. Allí, encontraremos al demonio. Ese demonio, es más poderoso, horrible, y perverso, si es que lo hemos ocultado, amarrado, censurado, despreciado. Ese demonio, tiene las llaves de los tesoros que nos faltan. Ese demonio, necesita ser comprendido, aceptado y amado. Pero, ¿por qué deberíamos hacer eso? Porque ese demonio es también parte de nuestra alma.


Observando ese pequeño nacimiento, regreso a mi niñez. Una tristeza enorme me apabulla. No sé que hacer. Nada puedo hacer. Comienzo a llorar desconsoladamente. Lloro por todos esos años que no tuve navidad. Finalmente, algo pasa en mi interior: comprendo muchas cosas y siento un alivio y una alegría que no había experimentado antes. Me despierto.


Para quien tenga la valentía de abrir las puertas del infierno, las puertas del cielo también estarán abiertas. Para quien tenga el coraje de aceptar a su demonio, su ángel de la guarda lo cuidará siempre. Para quien tenga sabiduría para amar a su demonio, el amor universal será su cualidad principal. Para quien tenga la inteligencia de perdonar a su demonio, el perdón de Dios le será concedido.


Nunca pensé que el no tener navidades normales me afectaran tanto. Con los años, cuando ya sabía que Santa no existe y que la Navidad es solo un invento, me sentía tan bien por no celebrarla como todos, pero había algo: por muchos años, justo el día de la noche buena, sentía una pena y soledad terribles que no podía comprender; el origen de ese dolor se había escondijo en algún lugar de mi mente porque de pequeño no pude lidiar con él. Es así como cualquier situación o experiencia que no podemos comprender y superar en ese momento, para que no nos cause dolor, preferimos olvidarla y guardarla en el subconsciente. 


Curarnos como seres humanos es un largo camino de aprendizaje. Es una aventura fascinante para la que no necesitamos absolutamente nada externo a nosotros. Mirar dentro de nosotros es la solución. Esto no es nada nuevo, ya van miles años desde que el ser humano escribió en el Oráculo de Delfos:


¡Oh! Tú que deseas sondear los arcanos de la naturaleza, 

que, si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, 
tampoco podrás hallarlo fuera.
Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa, 
¿cómo pretendes encontrar otras excelencias?
En ti se halla oculto el Tesoro de los Tesoros.
¡Oh! Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los dioses.








Ivan Guevara
Recuerdo, cuando era niño, justo antes de dormir o cuando despertaba muy de mañana, mi pasatiempo era quedarme divagando en nada. Solo mantenía los ojos abiertos mirando fijamente cualquier cosa que estuviera a mi frente. Pasaban los minutos y me fascinaba cuando mi percepción del objeto cambiaba. Era como si mis ojos pudieran hacer zoom. El objeto se acercaba hacia mi y podría ver mínimos detalles como la textura del material. También parecía que el objeto se hacía extremadamente tridimensional y podía visualizarlo como cuando giramos una cámara alrededor de algo. No recuerdo hasta qué edad pude disfrutar de eso, pero calculo que, a los siete años, prácticamente había olvidado todo ese asunto.

Creo que la dudosa capacidad —según mi padre— de ausentarme del lugar donde estaba me ayudó también a desdoblarme. De niño, siempre disfrutaba estar solo y en silencio. Me fascinaba contemplar las abejas rondando las flores en algún jardín camino del colegio a casa; y quedaba hechizado cuando en mi ruta se cruzaban hormigas; entonces, indefectiblemente las seguía hasta su guarida. El tiempo no existía, éramos solo yo y el universo. Disfrutaba mucho esos momentos de arrebato del mundo, mientras un abandono infinito hacía que me sintiera parte de todo. Con los años, esas sensaciones también se fueron.

Mi primer encuentro con el desdoblamiento —aunque no lo sabía aún— fue cuando tenía aproximadamente dieciocho años. Mis padres habían comprado una pequeña casita donde nos mudamos. Mi dormitorio resulto una ratonera ubicada en el segundo piso donde literalmente cabía una cama y un velador. Me fascinaba mi pequeña guarida: tenía dos ventanas, la primera estaba junto a la puerta desde donde se podía ver la ciudad, la segunda miraba hacia el tejado donde cada mañana dos gorriones venían a hacerme el show por media hora más o menos. Allí, durante las tardes, me gustaba quedarme a dormir la siesta. El lugar era cálido y tranquilo, e invitaba a quedar en un estado de ensueño cada vez que quería leer. En una oportunidad, luego de quedarme dormido no sé por cuanto tiempo, desperté, abrí los ojos, y como siempre me quedé mirando las vigas del techo, entonces quise levantarme, pero no pude. No podía mover ninguna parte de mi cuerpo.

El terror se apoderó de mi. Sentía cómo mi corazón comenzaba a acelerar sus latidos los que retumbaban con furia en mis oídos. Me sentía totalmente despierto, pero no podía abrir los párpados. Los intentos por tratar de mover cualquier parte de mi cuerpo fracasaban y me dejaban en un estado de angustia y desesperación terribles. Recuerdo que quería gritar y con gran esfuerzo lo logré, extrañamente nadie me oía, aún cuando yo podía escuchar la televisión encendida y los gritos de unos niños jugando en la calle. A todo esto, un irresistible sopor invadía todo mi cuerpo. El sueño trataba de someterme, invencible, magnífico en su fuerza, trataba de llevarme al reino de la inconciencia sin que nada pudiera hacer.

Por mi cabeza, fuerte, rotunda, estaba la idea de que, si me dormía, moriría, así que luchaba con todas mis fuerzas para no abandonarme. Mientras más luchaba, mi corazón aceleraba más sus latidos y un extraño sonido comenzaba a oírse en lo profundo de mis oídos. Era un zumbido algo metálico, como el producido por algún artefacto eléctrico. Ese sonido más parecido a un chirrido interminable aumentaba su volumen cuando trataba de moverme, convirtiéndose en una vibración que estremecía mi cuerpo. 

Recuerdo que pensaba que no iba a salir de esa.  Que probablemente, en algunas horas, cuando me buscaran, me encontrarían echado en mi cama, sin vida. Pero no quería morir, así que luchaba con todas mis fuerzas tratando de no dormir y probando si alguna parte de mi cuerpo se movía. Nada. Estaba paralizado de pies a cabeza. Algunas veces podía abrir los párpados y ver al final de la pieza, la ventana, y el cuadro colgado en la pared. Cerraba los ojos porque parecía que en mis músculos se habían instalado una especie de elásticos que me impedían abrirlos. Luego de muchos minutos, sentí que mi respiración comenzaba a fallar, era como si me costara respirar. En ese momento estaba seguro de que moriría.

La idea de que la corta historia de mi vida terminaría allí, hizo que sacara fuerzas de donde no había. Tanto tiempo tratando de moverme, me habían dejado físicamente agotado. Sentía que por mi frente escurrían líneas de sudor que se deslizaban por mi rostro, pasando por mi cuello y mojando la cama. Con pánico, traté de relajarme un poco, y cuando tuve algo de fuerzas, me levanté. Sentí mi cuerpo pesado, muy pesado, era tan pesado que mis movimientos parecían estar en cámara lenta. Cuando comenzaba a sentarme, sentí como un tirón en el área del encéfalo. Era como si me hubieran arrancado una parte de la piel de ese sector, no me importó, era mejor eso que estar muerto.

Un profundo mareo me acompañaba mientras me sentaba en la cama. Ya sentado, puse mis manos en mi rostro mientras me encogía con la cabeza entre mis rodillas. Allí estuve un momento. Los sonidos ya no estaban, podía moverme, aunque lentamente, solo me molestaban el mareo y una leve vibración en todo mi cuerpo. No me importó, estaba despierto, había sobrevivido a algo extraño. De pronto sentí una fuerte intención de mirar hacia atrás, lo hice, y lo que vi fue mi cuerpo echado, inerte. La impresión hizo que algo me tirara de la espalda y en menos de un segundo estaba nuevamente echado sin poder moverme.

Los síntomas volvieron. Ahora sí estaba seguro que no viviría, o peor aún, tal vez, ya estaba muerto.

Entonces, ¿había despertado? ¿Me había levantado? ¿Estaba ya en la dimensión desconocida, la de los fantasmas, donde pasan cosas muy raras? ¿Ya había fallecido? Pensamientos y más pensamientos corrían por mi cabeza como ratones asustados en una a habitación cerrada. Pero los latidos de mi corazón, y el sonido que hacía mi sangre circulando rápidamente por mis venas y arterias me decían que no.

Me dije, esto va a tomar tiempo. No sé que está pasando, pero saldré de esto. Sabía que mi cuerpo no se movía, y que el sueño me llevaba como si me hubieran colocado anestesia general. Buscando nuevamente alguna parte de mi cuerpo que se moviera, pude notar que solo el dedo pulgar del pie izquierdo podía hacerlo. Así que, comencé a moverlo lentamente, luego más rápido. Pensé que si comenzaba a mover solo ese dedo podría reanimar el resto de mi cuerpo. Cuando pude mover el dedo bastante rápido, di un tirón muy fuerte con toda la pierna, esta se movió bruscamente y desperté.

Era cómo si hubiera regresado de alguna realidad alterna, porque el despertar fue como los cortes que hay en las películas. Estaba echado, y ahora podía sentir totalmente mi cuerpo. Mis movimientos habían recuperado su soltura y respiraba normalmente. Solo tenía el rostro mojado y mi ropa estaba húmeda. Me senté. No quería volver a dormir.



Contra todo lo que se dice, pienso que el Desdoblamiento Astral, no es para todos. Esto contradice algunas de las cosas que escribí antes, pero con el tiempo me he dado cuenta de que los seres humanos somos todos diferentes. Cada quien tiene sus prioridades, y sus metas personales. Además, cada quien ha sido criado en algún sistema de creencias que hace que interprete la vida de acuerdo a ese sistema.

Sin embargo, las personas que se desdoblan están en todas las razas, estratos económicos, sistemas de creencias, religiones, y también entre los ateos. Esto quiere decir que, el desdoblamiento no es exclusivo de algo o alguien.

Con la difusión del Desdoblamiento Astral, mucha gente quiere desdoblarse. Con las promesas de poder viajar a cualquier parte el mundo e incluso al espacio exterior, sin hablar de las otras dimensiones, el Desdoblamiento Astral ha creado muchas expectativas en la gente.

Las prácticas de desdoblamiento que ahora se encuentran en Internet, si tratan de que el Cuerpo Físico quede dormido mientras nos quedamos despiertos en nuestro Cuerpo Astral, todas funcionan. Aun así, hay mucha gente que no lo logra, y esto se debe a que el problema no son las prácticas en sí, sino, las personas que las practican.

Cualquier persona que se dedique realmente a desdoblarse, estoy seguro que lo logrará. Las personas que creen que el desdoblamiento es un detalle pequeño y que no se necesita mucha energía ni tiempo para lograrlo, están muy equivocadas. Si queremos desdoblarnos, para agregar una pluma de colores más a nuestro sofisticado traje “espiritual”, no lo lograremos.

El desdoblamiento requiere como cualquier cosa en la vida, esfuerzo, tiempo, energía, y muchos sacrificios. Para mí pagar ese precio fue normal, es decir que no sentí que estaba dejando algo o a alguien.

El desdoblamiento astral no es como la meditación que es algo pasivo. Tampoco como la concentración y aunque ambos ayudan mucho para desdoblarse, desdoblarse es algo diferente.

Ya lo escribí antes, y es que el desdoblamiento te pide tu vida, al menos por el tiempo en que se reorganiza nuestra psicología, y nuestras energías adquieren una especial vibración. Ya cuando uno ha asimilado todo eso, es que puede darse algunas licencias y aun así poder desdoblarse.

Conozco algunas personas que se desdoblan y son especiales. No son como todo el mundo. Están en el mundo, hacen lo que hace todo el mundo, pero lo hacen a su manera. Es decir que están en el mundo sin pertenecerle a el. El mundo no se los ha tragado. Esas personas no hablan de sus experiencias, tal vez con alguien que se desdoble si lo hagan, pero aún así son muy reservadas. Si las conoces bien, verás que detrás de su manera de ser que a primera vista parece muy mundana y materialista, esconden un alma con elevadas inquietudes espirituales y que más allá de todo están viviendo para aprender. Ninguna persona que conozco que se desdobla realmente, vive del desdoblamiento.

Si es que tienes una inquietud sincera de querer desdoblarte, si es que desde niño tuviste algunas experiencias extrañas al dormir. Si estás buscando realmente el significado de la vida más allá de llevarte unos frijoles a la barriga, estoy seguro que te desdoblarás siempre y cuando le dediques el tiempo y la energía necesarios. Más allá de eso, te puedo garantizar que con el desdoblamiento no te harás millonario ni famoso, porque si estás interesado en la fama y el dinero, quiere decir que esa es tu prioridad y eso será lo que conseguirás, y aunque digas que te desdoblas, se que no puedes hacerlo.

Hay un mundo allí, un mundo de energía, espiritual le llaman otros, pero la puerta está cerrada mientras sigamos con nuestras tonteras, porque ese mundo quiere seres íntegros, sinceros, no niños arrogantes, malcriados y engreídos.

 




Ivan Guevara
Sentirse jalado, absorbido al vacío, justo en el momento de los síntomas del Desdoblamiento Astral, es algo que algunas personas experimentan durante sus prácticas.

Esta sensación se da cuando nuestro Cuerpo Físico ya está dormido y nosotros estamos conscientes en nuestro Cuerpo Astral.

Si solo estamos observando el proceso del desdoblamiento y no tomamos el control, lo que puede suceder es que lleguemos a una parálisis del sueño y no nos demos cuenta, para luego pasar por el proceso de cómo es que nuestro Cuerpo Astral sale a la Quinta Dimensión, el Astral.

Ya está muy claro para los que se desdoblan que los sueños no ocurren en nuestro cerebro. La gente que se desdobla, sabe que sus experiencias oníricas, conscientes o no, no son en su cerebro, sino, en algún lugar más.

El proceso del desprendimiento de eso que llaman Cuerpo Astral, del Cuerpo Físico, sucede de muchas maneras. Una de ellas, es esa que cito más arriba. Literalmente, cuando nuestro Cuerpo Físico se queda sin consciencia, la parte energética, rápidamente lo abandona, “dirigiéndose a un lugar" que está aquí, pero en otro nivel de vibración. Ese proceso que se da cada vez que dormimos, no es percibido, debido a que estamos dormidos. Esencialmente, estar dormido significa que no tenemos conciencia, que no nos damos cuenta, de todos los procesos involucrados en la vida.




No se despierta conciencia comiendo solo vegetales, ni cuidando el planeta, ni peleando en las calles tirando piedras. El término despertar conciencia ha sido terriblemente deformado, haciéndole creer a la gente que tener conciencia, que estar consciente, que despertar, es luchar por los animales, por el medio ambiente, por los pobres, por los enfermos, etc., eso no es despertar ni tener conciencia, eso es sentido común. Se puede hacer todo eso y aún estar dormido, es decir, vivir sin saber nunca qué es lo que ocurre en los procesos internos, energéticos e invisibles involucrados en la vida.

La vida es misteriosa, los procesos invisibles, los que no pueden ser mensurados, estudiados mediante el método científico, son los más importantes para que la vida prospere, evolucione, o, se extinga, desaparezca. Ya se han escrito millones de libros acerca de la vida y sus procesos bioquímicos, sociales, culturales, climáticos, etc., probablemente hagan falta otros tantos más para explicar los procesos invisibles -hasta ahora-, involucrados en ella.


Entonces, despertar, salir del sueño, dejar de estar hipnotizado, estar consciente, tener conciencia de algo, es, en este caso, experimentar conscientemente el proceso de cómo el Cuerpo Astral, deja, abandona, el Cuerpo Físico.

 Estar consciente en el Astral, involucra tomar el control. Así como en este Mundo Tridimensional tenemos el control, en el Astral, debemos tenerlo también.

Lo difícil de desdoblarse, es, poder estar despierto mientras el Cuerpo Físico duerme. Por eso, en las escuelas esotéricas se enseña a tomar el control desde antes de salir del Cuerpo Físico. Esa es la mejor forma de mantener la lucidez.

Para lograr tener el control del desdoblamiento, lo que se debe hacer es lo siguiente:

Cuando se esté en la fase de los síntomas, uno debe aprender a conocer cuándo es que el Cuerpo Físico ya esta dormido, una vez solucionado esto, -que estoy seguro que a cada quien le tomara unas cuantas experiencias donde tendrá que ir probando cual es el momento exacto-, lo mejor es levantarse de donde esté. No hay que imaginar o pensar que uno se levanta, sino, levantarse de hecho. A veces, cuando el Cuerpo Físico no está totalmente inconsciente, puede ser que sintamos que estamos pegados a alguna parte de él, en ese caso, hay que insistir en levantarse con fuerza y decisión.

Cuando uno se levanta de la cama, o de donde esté, hay más posibilidades de tener mucha conciencia en el Astral.

Si en el momento de estar queriendo salir del Cuerpo Físico, no lo hacemos con actos sino con la mente, sucede que aparece un remolino, tornado, o fuerte viento que nos arrastra fuera. Si eso ocurre, no hay que temer. Uno debe de tratar de estar lo más consciente posible, porque es fácil perder al control y marearse, o dormirse, y si eso ocurre, todo pasará a ser un sueño común, o sueño lúcido.

Cuando cesa el remolino, podemos hacer lo que queramos, antes de eso, es imposible. Necesariamente, hay que dejarse llevar por el remolino, sin miedo.

Si se practica con insistencia, muchas serán las oportunidades para ir afinando, aprendiendo, y corrigiendo. Como todo en la vida, uno logra una habilidad practicándola, y en eso, el Desdoblamiento Astral es igual.


Ivan Guevara



Toda persona que desea una vida espiritual siempre tiende a buscar un maestro. Es natural que busquemos a alguien que nos enseñe, alguien que conozca el camino,  que nos pueda ayudar, entre otras cosas.

Los maestros  han existido desde que el ser humano comenzó a tener suficiente conciencia de sí mismo,  y así, cuestionar, de donde viene, a donde va, qué es la vida, ¿existe un ser superior? Etc.

En el proceso de hacernos conscientes, siempre hubo alguien más que andaba un paso adelante.  Ese alguien, de alguna manera trató de enseñar lo que sabía, pero, también tenia que enfrentarse a una sociedad que se sofisticaba cada vez más, que comenzaba a experimentar su evolución mediante la formación de grupos e poder que poco a poco iban tomando el control del resto de la población.

Los grupos de poder, desde que aparecieron en este mundo como consecuencia de la evolución de la sociedad, se dieron cuenta de algo: necesitaban herramientas de sometimiento para controlar a las masas, así, no tardaron en darse cuenta de que la verdadera espiritualidad, desfigurada a través de religiones, disciplinas, filosofías, etc., servía muy bien para lograr sus objetivos, así, cada expresión sincera de espiritualidad fue manipulada intencionalmente, creando leyes, reglas, ritos, ceremonias, ídolos, amuletos, imágenes, etc. La esencia de la espiritualidad quedó oscurecida, porque la verdadera espiritualidad, es en esencia libre y hace a las personas libres, y eso nunca les convino a los grupos de poder.

La humanidad, ha dado pocos maestros que predicaron la libertad y el amor, la mayoría, han quedado relegados, marginados, y olvidados. A los que este sistema adoptó y ensalzó, esta sociedad los ha utilizado tergiversando sus enseñanzas.

Un verdadero maestro, trata de que comprendamos, el sabe que no hay otro camino. Pero también sabe que  comprender es complicado y que no depende de cuanto hayamos estudiado, ni, de si seguimos a algún maestro. Un maestro, sabe que lo único que puede hacer, es tratar que dentro de las personas que lo escuchan, algo se mueva, algo despierte.

Entonces, el que podamos comprender algo, no es tarea ni responsabilidad del maestro. Cada quien tiene que comprender. Un profesor de matemáticas, por muy bueno que sea, solo nos puede ayudar explicándonos bien las cosas. Más allá de eso, si comprendemos o no, es nuestra tarea. Por esta razón, no importa cuan bueno sea el maestro, si el estudiante no asume la responsabilidad de comprenderlo lo se le enseña, habrá perdido el tiempo.

Pero comprender, es algo muy complejo. Primero: cada quien comprende lo que es capaz de comprender. Así, cada quien comprende de diferente manera y a un nivel diferente. No hay dos comprensiones iguales.

Tener la comprensión de algo, es descubrir el sentido profundo de algo. Descubrir  el sentido profundo de algo, tiene que ver con cuan capaces somos de observar algo. No solo eso, sino, con qué herramientas contamos para realizar ese proceso. Así, en la comprensión están involucradas muchas cosas como nuestra edad, sexo, intereses personales, cultura, nacionalidad, religión, creencias,  y cualquier otra capacidad extra que tengamos.

No diré que para comprender hay que hacer esto o aquello, sé que finalmente el tiempo hace sus cosas, y si es que nos esforzamos y tenemos la mente amplia, vamos a poder ir trascendiendo todo aquello que hace que nuestra compresión no sea profunda.

Más allá de la comprensión de la mente, existe la comprensión de la conciencia. Esa, es la comprensión de nuestra alma. La comprensión del alma es totalmente diferente a la comprensión mental. La mente, sistematiza, clasifica. La mente,  jerarquiza,  organiza de una manera esquemática todo; eso es un nivel de comprensión, pero no es la comprensión del alma.

El alma comprende de una manera diferente. Esa comprensión es difícil de explicar, pero diré que para la comprensión del alma no hay sistematizaciones, ni clasificaciones. El alma no jerarquiza ni esquematiza nada. El alma "observa" todo en un contexto atemporal y sin ubicación específica. Todo está relacionado para el alma. Así, no hay nada en este mundo que sea solo problema de uno. El alma comprende que hilos invisibles nos unen a todo.

La gracia del alma es la síntesis. La síntesis solo puede ser lograda cuando no hay condicionamientos que distorsionen la percepción de lo que queremos comprender. Si queremos comprender. tenemos que tratar de ser simples observadores de cualquier cosa, solo así, nuestra alma puede observar.

Finalmente, cuando estamos en el proceso de comprender, ¿qué queremos comprender? La verdad, dicen muchos, pero no hay tal verdad. El amor, dicen otros; pero no hay amor. La muerte, dicen otros más; pero no hay muerte. Así, en el afán de comprender nos damos cuenta de que no hay nada que comprender, que la vida es como es, y que lo mejor es prepararse para un día enfrentar lo desconocido.

Un obstáculo para la verdadera comprensión, es el maestro. Un verdadero maestro no te dirá que lo que él dice es la verdad. Un verdadero maestro te dirá que busques la verdad en ti, en tu alma. Pero nuestra alma es una parte tan íntima y delicada que no acepta nada a medidas. Nuestra alma nos dice "¿Quieres saber? ¿Quieres comprender? Entonces, Yo soy el maestro".

Dos maestros no caben en la búsqueda de la verdad y la sabiduría. Así, llega el momento en que tenemos que decidir a qué maestro vamos a seguir. Si nos decidimos por el maestro externo, pasaremos toda una vida repitiendo lo que alguien más dijo y nunca comprenderemos nada, porque repetir algo no es comprender. Si elegimos a nuestra alma como el maestro de nuestra vida, todo un mundo de sorpresas, conocimiento y sabiduría  se abrirá a nosotros.

Hace mucho que escucho: "pero el maestro dice, o dijo esto acerca de ..." Si estamos en ese estado, quiere decir que todavía somos el niño aquel que dice a sus amiguitos: "pero mi papá dice que no hay que pegar a los demás. Pero mi mamá me ha dicho que me porte bien".  No hemos madurado, y no hemos querido asumir el riesgo de nuestro crecimiento espiritual. Queremos seguir teniendo al papá que nos dice lo correcto y lo incorrecto. No nos queremos esforzar en comprender nosotros mismos. Nos da miedo sacar nuestras propias conclusiones, y nos aterra cometer el terrible pecado de traicionar al maestro. Pero como ya lo dije antes: la peor traición, es traicionarse a uno mismo.




Cuando nos atrevemos, cuando tenemos la osadía, la audacia, de asumir nosotros mismos la formación de nuestra espiritualidad, algo pasa, nuestra alma despierta y se manifiesta, por fin hemos dicho adiós al maestro externo. ¡El maestro ha muerto. Viva el Maestro!

Decir adiós al maestro externo significa olvidar todo lo que nos enseño. Tirar a la basura todos los libros que leímos y que venerábamos, es otra cosa que debemos hacer. Deshacernos de nuestros amuletos, imágenes, creencias, dogmas, filosofías, etc… es necesario, porque  decir adiós  al maestro externo, significa que nos presentamos ante nuestra alma con las páginas en blanco para que ella escriba la historia de nuestra vida.

Cuando nos hemos liberado de quienes estaban usurpando el lugar de nuestra alma, nuevas formas de pensar aparecen. Nuestra comprensión tridimensional se transforma en multidimensional, y la síntesis se hace visible y posible.

Todo es conciencia, y para esa conciencia que es conocida como dios, reconocerse  a sí misma como tal, es su máximo regocijo. Bienvenido a casa, aunque siempre estuviste en ella.


Ivan Guevara




Mucha personas me preguntan si voy a seguir escribiendo acerca del Desdoblamiento Astral, o por qué es que ya no lo hago. Lo que sucede es que ya escribí  tanto acerca de ese tema que no encuentro qué más incluir.

Lo que falta para que la gente se desdoble, es disciplina. No quieren cambiar absolutamente nada en sus vidas, pero sí quieren desdoblarse. 

Como ya  lo dije antes, el Desdoblamiento Astral es el embudo que selecciona a las personas, porque para lograrlo uno va a tener que cambiar, o va a tener que tener una especial forma de sentir, pensar y actuar. Mucha gente ya viene así, y en ellos el desdoblamiento es natural aún cuando sus vidas sean caóticas y desordenadas. 

Existe  mucha gente que se desdobla, que es alcohólica, o esta en las drogas, no hacen nada para desdoblarse pero pueden hacerlo. Esas personas nacieron así, se lo ganaron en otras existencias, ahora, su alma está experimentando otras circunstancias. Esas personas son pocas, pero en alguna oportunidad, cuando quisieron aprender a desdoblarse, tuvieron que disciplinarse para poder salir al astral conscientes. 

Cuando uno aprende a desdoblarse, es como cuando aprendemos a nadar o a andar en bicicleta, nunca lo olvidamos. Eso queda en nuestra alma y se manifiesta espontáneamente.


Las personas que se desdoblan son especiales. No miran este mundo con los ojos de todos porque han visto más allá. Se ríen de todo lo que hacen los demás, y sus actos casi nunca son comprendidos, porque no se entiende que para tomar una decisión, ellos cuentan con una variable más para evaluar la situación: sus desdoblamientos astrales.

Hay una psicología especial que se necesita para desdoblarse. Esa psicología se va gestando y se va construyendo en la medida que la persona va desdoblándose. Finalmente  se llega a eso que somos todos nosotros, seres un poco solitarios, que miramos al mundo como un patio de juegos donde los seres humanos juegan al gran teatro de la vida. Cada quien asume su papel y trata de cumplir lo mejor que puede, y aunque todo parece  tan real, nosotros sabemos que finalmente todo es un juego.

No escribo más acerca del Desdoblamiento Astral, porque no es necesario (salvo que considere que he omitido algo importante). Con todo lo que escribí, hay para toda una vida o para varias si se trata de perfeccionarse. Las cosas que faltan, sé que cada quien logrará descubrirlas porque son pequeños detalles que solo necesitan de un poco de sentido común.

En todo lo que escribí, nunca hablé de los seres astrales, ni de los maestros, ni  ángeles, ni templos, ni extraterrestres. No lo hice porque no creo en ellos. Si creyera, ya me habría declarado maestro, iluminado, o mensajero del milenio, pero nunca he creído todo lo que me dicen en el Astral.

No comprendo por qué el Astral tiene que ser una copia del mundo tridimensional. No Acepto que allá haya templos y que los personajes astrales tengan manos y pies. No comprendo esas cosas.  Si el Astral es un lugar espiritual, energético, ¿porqué hay allá seres con ojos? ¿Para qué la ropa? ¿Para qué las piernas si uno puede transportarse en un pensamiento a otros mundos? ¿Por qué tener una boca? Allá no se habla, ni se come hamburguesas.

En fin, son miles de detalles que hacen que no crea lo que veo en ese mundo. Lo que sí sé, es que existe, y que mi tarea es descubrir qué es lo que realmente hay allá.

El desdoblamiento Astral no es el fin. Muchos se están confundiendo y perdiendo el tiempo creyendo que  desdoblarse es el objetivo, la salvación. El Desdoblamiento Astral, es solo una herramienta que nos ayuda a comprender la vida, el mundo, el universo. Cuando usamos bien el Desdoblamiento Astral, las respuestas llueven del cielo, nos damos cuenta que la verdad es todo, que hasta le mentira es la verdad, y que no existe nada más que energía que se crea y recrea en infinitas formas, en fin, como muchos  dicen, todo es Dios.

Ivan Guevara












El cómo es Dios, es algo que nadie lo sabe. Cada religión, creencia, etc., tiene su particular idea de Dios. Además, cada quién le asigna arbitrariamente atributos muy particulares.

El Dios de uno, no es el de otro, aunque ambas personas estén en la misma creencia. El Dios de los católicos, no es el Dios de los budistas, ni el Dios de los habitantes originarios de América del Sur,  es el Dios de los antiguos habitantes de Europa.

Existen Dioses para todos los gustos. Hay de varias formas, colores, y sabores. Existen Dioses vengativos, coléricos, llenos de ira; y los hay amorosos hasta el extremo.

Algunos dioses aman unas cosas, y detestan otras. Otros, son celosos, avaros, y siempre procuran juzgar y sentenciar. Todo esto me hace recordar al Dios de los gatos que mientras ellos le piden pescado, un perro les dice que están equivocados, que Dios es perro, y que no hay que pedirle pescado, sino huesos.

Hay veces que pienso que el ser humano es muy estúpido o es que finge serlo porque le conviene ¿Cómo es que no nos damos cuenta de eso? De que hay millones de dioses, tantos como seres humanos. No queremos ver la realidad porque no nos conviene. Ya tenemos esposa, hijos, deudas, hipotecas y grandes planes para nosotros y los nuestros, y lo que importa es el dinero. Solo así se entiende que la mayoría de las veces actuemos, a sabiendas, tan estúpidamente. 



En nuestro proceso evolutivo como seres humanos, hemos tenido que aprender muchas cosas, y una de las más importantes para esta sociedad, es el cómo vamos a subsistir. Nos preparamos desde que nacemos para ganar dinero. La idea de Dios que tenemos es la que hemos heredado de nuestros padres: un Dios nos ayude a llevar el pan a la mesa. El Dios proveedor de pan es todo lo que el ser humano pide. Y si ese no fue el Dios que nos enseñaron, buscaremos eso en nuestra vida, y nos llamaremos espirituales.

Cada ser humano, lleva dentro de sí mismo una inquietud primaria más allá de las necesidades básicas. La necesidad de saber, conocer, cómo y para qué es que está aquí. Aunque nos hayamos puesto la máscara de la materialidad, cuando estamos solos, cuando nadie nos puede ver, nos preguntamos si estamos haciendo lo que un ser humano viene a hacer. La verdad es que en cierto sentido hagamos lo que hagamos, estamos haciendo lo correcto; pero más allá de eso, ¿nuestra alma se siente feliz de hacerlo? Cada quien tiene que responderse esa pregunta.

Si hay una verdad absoluta, la búsqueda de ella debe ser lo que caracterice al ser humano. Pero la verdad absoluta es un gran desafío; es el más difícil desafío que alguna vez cada ser humano tiene que emprender, porque no hay camino, ni hay señales externas, es como caminar en la oscuridad alumbrado de una pequeña vela que solo nos permite estar a salvo en el lugar donde nos encontramos. Más allá de eso, no vemos, no hay cómo. Y entonces es allí donde nuestra naturaleza verdadera, real, sale. Nuestro ADN cósmico, eterno y universal, nos dice que hay algo más allá de todo. Que aunque la oscuridad y el miedo no nos dejen comprender lo trascendental, es seguro que hay algo más allá de todo este mundo de percepciones sensoriales. Y así damos el siguiente paso.

Alguna vez comprendí que si había venido a este mundo a comer, embriagarme, comprar ropa, tecnología, y todas las demás cosas que hace el ser humano promedio, el paso por este mundo sería para mi una gran frustración. Así es como me atreví a comprender que, finalmente, Dios es como nosotros somos. Si en nuestro interior traemos la ambición, la venganza, la ira, la crítica, el pecado, el castigo, el celo, ese es el Dios que buscaremos. Alguien que colme nuestras expectativas.

Cada ser humano ha creado a su Dios particular. Cada iglesia, religión, grupo social, económico, étnico ha creado a Dios a su imagen y semejanza. Y cuando en la Biblia dice que Dios creo al hombre a su imagen y semejanza, lo que quiere decir en realidad, es que , nosotros somos los que creamos al Dios que nos conviene.

Siendo así la cosa, me parece maravilloso que cada Dios que ha sido creado por el ser humano, funcione. Me quedo estupefacto cuando veo que a pesar de que hay miles de dioses en este planeta, todos de alguna manera hacen su trabajo decentemente. Lo que me lleva a la siguiente conclusión: que Dios, es absolutamente todo, y así, no le importa si le das un nombre u otro, si le asignas unas cualidades u otras, si le das ciertos valores u otros, igual te hace los milagros y te ayuda en tus metas y objetivos. 

Dios es el motor del universo, es la energía sin la cual no puede existir nada. Dios es la fecundidad extrema y eso es natural para Él. Por eso se dice que Dios da. A nada le dice que no, porque hasta el no, para Él, es un sí.

Aquí, abajo, en el mundo material, donde los sentidos cuentan y el hambre es despiadada, nos hacemos problemas; y lo único que hemos hecho en miles de años de civilización humana, es, separar, romper, particularizar, -porque nos conviene-, lo que en realidad es un todo, porque desde nuestra pobre perspectiva, no es un todo, y lo que cuenta es nuestra percepción. Hay que subir al monte, para ver el panorama de lejos, solo así nuestro dios provinciano, se va a universalizar.








Ivan Guevara


“Danos hoy el pan nuestro de cada día”, dice parte de la oración que se le atribuye a Jesús. Nada tiene tanta importancia para el ser humano como aplacar su hambre. Esa es la necesidad básica que tenemos que satisfacer todos los días. A ella están dirigidos todos nuestros esfuerzos, todos nuestros pensamientos, sentimientos y acciones.

Con tanta tecnología, evolución social y emocional, con tanto avance en medicina, comunicaciones, etc., el problema de qué vamos a llevarnos a la barriga, sigue siendo la mayor preocupación de esta humanidad. Y no importa si uno para calmar su hambre se llene la barriga con un pan con té, o con el más caro filete.


Estudiamos, obtenemos maestrías, post grados, emprendemos empresas, negocios, los hacemos crecer; nos especializamos en lo que sabemos hacer cada vez más, etc., para pasar a comer un delicioso plato gourmet, en vez de un arroz con huevo frito.

Cuando creemos habernos dado cuenta de las cosas, comenzamos a pensar y a cuestionar ese sistema, entonces ¿qué es lo que hacemos? Nos llamamos, revolucionarios, hemos despertado, y nos llamamos espirituales. Pero la espiritualidad actual, es solamente una forma elegante de seguir luchando por el pan nuestro de cada día. En realidad nada ha cambiado, solo decimos que Dios, es ahora nuestro proveedor.

El problema del hambre en sus diferentes manifestaciones, ya sean las terribles que se viven en ciertos lugares de nuestro planeta, u otras que son más llevaderas, es lo que dirige nuestras vidas.

Los templos, las iglesias, los grupos esotéricos, espirituales, etc., están llenos de gente que está buscando la forma más cómoda de ganarse el pan nuestro de cada día.

Si nuestra espiritualidad está sujeta a nuestra barriga, ella es falsa. Si nuestra espiritualidad está ligada a nuestra billetera, ella es falsa. Si nuestra espiritualidad está ligada a nuestro bienestar material, ella es falsa. Si nuestra espiritualidad está ligada a nuestras satisfacciones sensoriales como comer, reír, tener sexo, etc., ella es falsa.

Si nuestra espiritualidad está ligada a nuestros miedos, como el miedo a morir, o a lo que pasará después de la muerte, ella es falsa. Si nuestra espiritualidad está ligada a nuestro miedo a la sociedad y buscamos un lugar donde podamos prosperar sin ser robados o traicionados, ella es falsa. Si nuestra espiritualidad está ligada a conseguir el amor verdadero, ella es falsa. Si nuestra espiritualidad nos ayuda vivir en una burbuja de “felicidad y realización” aislándonos del mundo, ella es falsa.

En síntesis, si nuestra espiritualidad está ligada a cualquier cosa, ella no tiene sentido, es falsa, y como tal, nos hará llegar no a la verdad, sino a la “verdad” que nos conviene. Es por esa razón que solo han logrado la liberación o la iluminación unos cuantos humanos aun cuando ya han pasado doscientos mil años desde que comenzamos a pensar y tener conciencia de nosotros mismos.

El pan nuestro de cada día es la principal preocupación de los seres humanos, mientras esa preocupación sea, no podremos iniciar una espiritualidad verdadera, porque cada cosa que hagamos, estará ligada a eso.

Si yo vivo de algo, y ese algo es mentira, no voy a decir que lo sea, porque entonces perdería mi fuente de sustento. Es por eso que hay defensores de muchos mitos, fantasías y mentiras, que se dedican a inventar teorías, las van perfeccionando, y además van justificando sus conclusiones, de manera muy inteligente, aun sabiendo que ellas no tienen nada de cierto; pero ya están en la trampa, porque tienen techo, abrigo, y comida, gracias a esas teorías. Esas personas nunca podrán hallar la verdad, para ellas la verdad es lo que les llena la barriga.

Las verdaderas personas espirituales que ha dado esta humanidad, comenzando por Jesús, nunca estuvieron preocupadas en lo que iban a llevar a su boca. Esa preocupación primaria, esa variable que es inevitable para el resto de los seres humanos, no existía para ellos. Su espiritualidad era solo eso y no estaba ligada a nada. No estaban buscando nada en realidad, solo eran. Eran genuinos seres humanos, manifestación de Dios con todas sus características.

Ningún maestro verdadero busca nada en realidad ¿Qué va a buscar? No hay nada que buscar ¿A dónde va a llegar? No hay donde ir ¿Qué hay que descubrir? No hay nada que descubrir ¿Qué camino va a recorrer? No hay camino. Un verdadero maestro sabe eso, por esa razón se dice que está despierto; y entonces ¿qué hace? Nada. Se dedica a vivir, y mientras está vivo en este mundo, hace algo que lo apasione, porque algo tiene que hacer. Pero no es que esté buscando algo, no es que piense que tiene sentido lo que hace con este cuerpo físico, solo hace, como lo hace Dios, sin juzgar, sin limitaciones.


Si buscamos la verdad, no deberíamos estar preocupados por el pan nuestro de cada día. Si somos realmente espirituales, tendríamos que comprender que el pan nuestro de cada día siempre va a estar allí.





Ivan Guevara
Las palabras ocultan el verdadero significado de las cosas cuando se trata de explicar lo que es abstracto. Espero que con el tiempo, el ser humano pueda crear otras que expliquen y transmitan lo que ocurre realmente en una experiencia espiritual trascendental.

El limitado número de palabras que hemos inventado, no es suficiente para explicar la espiritualidad verdadera. Con todas las palabras que están en el diccionario, solo podemos dilucidar de manera correcta las situaciones concretas que se dan en el mundo material. Pero todo lo que se da en el mundo espiritual, necesita de un idioma especial que lamentablemente todavía no se ha inventado. ¿Por qué aún no ha sucedido eso? Porque las experiencias espirituales son íntimas y se dan en estados de conciencia donde la comunicación es diferente, y por lo tanto se necesita de palabras nuevas que puedan explicar correctamente lo que uno vive en el Astral.

Sé que ese nuevo idioma, inevitablemente aparecerá cuando un gran porcentaje de la humanidad sea realmente espiritual. Entonces, como todo, nacerá de la necesidad.

Cuando uno habla de una experiencia espiritual, en este caso en el Astral, por más cuidadoso que uno sea, la experiencia se desfigura. La experiencia ya expresada en palabras, termina convirtiéndose en una historia fantástica, y muchas veces ridícula. Ese es el motivo por el que no me he atrevido a contar mis experiencias astrales. 

Las cosas que se comprenden cuando nuestra mente tiene para esto un recurso más, es decir, cuando está en modo interdimensional, también son incomunicables sin que estas pierdan su esencia, porque no existen las palabras correctas para explicar las conclusiones a las que uno llega en ese momento.

Los que se desdoblan, saben, que hay situaciones, circunstancias, determinadas conclusiones, que solo pueden hacerse en el Astral. Cuando uno está allá, en la Quinta Dimensión, reflexionando, todo cuadra, y es como una hermosa ecuación. Cuando uno despierta, la comprensión se reduce a este mundo, y la hermosa ecuación, desaparece, ya no está, es un absurdo.


Todo el diccionario, en este caso el Diccionario de la Legua española, está colmado de palabras que sostienen este mundo. Cada palabra, sostiene, afirma, y reafirma, lo que significa. Así ha ocurrido por el uso y la costumbre. Gracias a esto, todos los mensajes de los pocos humanos que han llegado a la iluminación, (hasta esa palabra distorsiona lo que ellos hicieron) han sido malinterpretados, por ignorancia, o, por oportunismo y conveniencia. Por ese mismo motivo, cuando se habla de la voluntad de Dios, nos han hecho creer que ella, esta solamente relacionada con alguna religión en particular y que solo ella goza de tener la verdad. Pero, la voluntad de Dios es tu voluntad y la de tu enemigo. La voluntad de Dios, es mi voluntad y la de mis hermanos, estén de acuerdo conmigo, o no.




La voluntad de Dios no es parcial. La voluntad de Dios es la voluntad de todos, y no hay contradicciones si lo vemos desde un nivel superior. “Buenos y malos”, todos, hacemos la voluntad de Él. Si en todo está la voluntad de Dios, entonces, somos nosotros los que debemos hacernos responsables por nuestros actos, porque hasta en el mínimo movimiento de nuestros músculos, está la voluntad de Dios. Y entonces, debemos usar esa voluntad responsablemente, y esto quiere decir, que luego tenemos que responder por lo que hagamos con ella. 

Así que la voluntad de Dios está allí, para todos, “buenos y malos”, y podemos lograr nuestros objetivos porque esa es la voluntad de Dios. Pero debemos comprender que cuando sembramos trigo, cosechamos trigo, no frijoles, ni zanahorias. Así, lo “bueno” trae como consecuencia lo “bueno”, y lo “malo” lo “malo”. Además, cuando sembramos trigo y luego cosechamos trigo, también debemos comprender que de un grano, cosecharemos no uno, sino, cientos; entonces, si nuestras acciones son “buenas”, cosecharemos cosas “buenas” en cantidad; y si son “malas”, tendremos como resultado consecuencias “nefastas” en abundancia.

Dios es amor infinito. A nadie le negaría su poder, energía y fuerza; y su voluntad está absolutamente en todo. Al saber esto, los que crearon las religiones, creencias, escuelas espirituales, etc., se dieron cuenta que tenían que inventar algo para que el ser humano viviera en la ignorancia y así no usara el total de sus potencialidades, porque si lo hacía, era peligroso. Entonces restringieron la voluntad de Dios a su particular religión.

Los católicos dicen: esta es la voluntad de Dios. Exactamente lo mismo dicen infinidad de otras religiones, iglesias, creencias, etc. Esa es una gran mentira. Eso dicen, porque saben que el ser humano es un ser complejo, con una mente compleja en la que se pueden instalar programas, creencias, que luego son definitivas en la vida de una persona. Si alguien, de niños nos dijo que la voluntad de Dios es lo que dice alguna iglesia en particular, eso quedara grabado en nuestra mente profundamente y hasta la olvidaremos. Pero ese es el secreto de una creencia, que una vez instalada, actúa desde las sombras. Y entonces, con el tiempo, por más que nosotros queramos hacer algo que vaya en contra de esa creencia, no podremos. Ese es el poder de las creencias, y así, tiene sentido que la iglesia católica por ejemplo se empeñe en que los seres humanos sean introducidos en sus ritos y dogmas desde niños. Saben que una vez hecho eso, no podrán escapar hagan lo que hagan. 

Muchas situaciones desdichadas que viven los seres humanos tienen su origen en la creencia de que la voluntad de Dios está en alguna iglesia en particular, y que al no estar allí, no están haciendo la voluntad de Dios. Qué locura. 

El mejor ejemplo de que la voluntad de Dios está en todo, está en las personas que creen en diferentes dioses, cada una de ellas dice que está haciendo la voluntad de Dios. Si miramos con cuidado, todos logran sus objetivos, sus metas espirituales y materiales, porque Dios es así, y su voluntad es la voluntad del católico de cristiano protestante, del budista, del judío, del ateo, etc. 

Cada quien cree en su dios, o en sí mismo, y aunque alguien diga que solo él está haciendo la voluntad de Dios, la realidad le demuestra que todos hacen la voluntad de Dios, porque nada, absolutamente nada podríamos hacer si no fuera la voluntad de Dios.

Toma muchos años el desinstalar de la mente los programas absurdos que nos han instalado desde niños. Toma toda una vida diría yo. Luego, te das cuenta de que siendo Dios infinito en amor, y creador de todo, y que sin Él nada existiría, su voluntad por ese hecho, también, está en todo. 

Es verdad cuando las iglesias dicen que Dios es amor, lo es. Es un amor incondicional para con todo, para consigo mismo en realidad, porque Dios al ser absolutamente todo, se ama a si mismo incondicionalmente (es el maestro de eso que llamamos amor propio), y no se juzga ni critica por ninguna de sus creaciones. Se complace expresando su voluntad en todo.

Dios nos enseña a amarnos con plenitud y totalidad, sin juzgarnos, ni criticarnos. Y no podría ser de diferente manera, porque somos Él. Dios nos dice Tú eres mi hijo, así como se lo dijo a Cristo. Pero nos confundimos y pensamos debido a intereses, que solo él era el hijo de Dios. Todos somos hijos de Dios y todos somos primogénitos. Y al ser hijos de Dios, su voluntad es la nuestra, y nuestra voluntad es la voluntad de Dios. 

No importa qué hagamos, estamos haciendo la voluntad de Dios, la diferencia está en que si colaboramos con la vida, tendremos una existencia, plena, llena de alegría y satisfacciones. Y si colaboramos con la muerte, muerte y dolor recibiremos. Nosotros creamos nuestro destino, nuestro futuro, con nuestros actos, pensamientos y sentimientos. Para bien o para mal, igual Dios nos ayudará a lograr nuestros objetivos.

Si en todo está la voluntad de Dios, lo que nos toca como humanos es crear y recrear las leyes, reglas, moral, mandamientos, etc., para así garantizar que cada persona en este mundo tenga una vida plena, llena de satisfacciones que le hagan buscar sinceramente una espiritualidad nueva, sincera, sin trabas, ni confusiones, ni intereses que le hagan perder el tiempo y finalmente la vida siguiendo la espiritualidad actual absurda, que aun siendo absurda, es también la voluntad de Dios.







Ivan Guevara
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Ivan Guevara
Autor del blog Aprendiz de Mago y La Otra Realidad Conversaciones con Elam.